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      Monday, Jun 01 2020 - 

Platón:¡ La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo !
Félix Savón: La técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica
Martin Fierro: Si la verguenza se pierde, jamas se vuelve a encontar



Artículos periodísticos

Fragmento de una entrevista
con el doctor Lino B. Fernández
Yo caigo prisionero cuando intentaba alzarme contra el Gobierno de Castro,
en la madrugada del 17 de febrero de 1961. Estoy dos meses en la prisión de
Seguridad del Estado, en Santa Clara, hasta que me trasladan al cuartel de
Topes de Collantes, donde encontré unos 170 prisioneros amontonados en el
piso. No había colchonetas ni baños ni servicios sanitarios, no había nada.

Cundió una epidemia de paperas; veías a los hombres doblados por la horquitis.

La vida no valía mucho en aquel momento, a la gente la sacaban de
madrugada al paredón. Entonces nos declaramos en huelga de hambre porque
empezaron a traer heridos del Escambray, algunos con heridas en la cabeza,
y los tiraban a morirse donde estábamos nosotros. Éramos unos cuatro
médicos, no teníamos con qué curar a la gente. Como respuesta nos meten
en una fragata y nos zumban para Isla Pinos. Recuerdo que fue el 2 de julio.

En Isla de Pinos me meten en una celda de castigo, en un calabozo pequeñísimo
donde no había absolutamente nada. Allí pasé 100 días aislado, totalmente
desnudo. De ahí me mandaron para una de las circulares del Presidio
Modelo. En cada circular había cinco pisos, 93 celdas en cada uno, 3 prisioneros
en cada celda. Teniendo en cuenta la cantidad de circulares habría unos
6.000 prisioneros políticos allí en aquel momento.

El trabajo forzado en Isla de Pinos fue muy duro: romper marabú, arrancar
raíces, trabajar en las canteras de mármol. Se trabajaban 12 horas o más al
día. Los que se negaban a ir eran tremendamente golpeados; recuerdo el caso
de Alfredo Izaguirre, director del periódico El País, que fue brutalmente maltratado
y luego sufrió las secuelas en el exilio. En Isla de Pinos sabíamos que
nos estaban poniendo a trabajar como esclavos. Entonces, como una forma de
protesta, la gente empezó a trabajar a ritmo lento y hubo mucha represión en
el campo, particularmente en algunos bloques como el de los estudiantes,
que fue muy golpeado, lastimado con una saña realmente asombrosa. Recuerdo
días que llegaban gentes con la espalda hecha llagas por las marcas de las
bayonetas. A veces llegaban incluso muertos. El primer día que empezó el trabajo
forzado, por ejemplo, hubo un muchacho que hizo cierta resistencia y lo
mataron. Lo atravesaron con una bayoneta por el estómago. Se llamaba
Ernesto Díaz Madruga. Al día siguiente todo el mundo salió con sombrero al
campo en señal de respeto al que había muerto. La gente cada vez trabajaba
menos, mientras más represión y más golpes, menos trabajaba. La violencia

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