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Artículos periodísticos

Varios nietos de Raúl Castro junto a otros familiares y amigos en La Marina, en La Habana, 2019 (Foto: Tomada de redes sociales)

El Mercedes Benz de Sandro palidece al lado del imperio en las sombras que probablemente heredarán los verdaderos “nietísimos” de la dictadura más larga de América Latina

LA HABANA, Cuba. – Las imágenes de un nieto de Fidel Castro alardeando del Mercedes Benz que usa como juguete apenas son la punta del iceberg de todo un clan. Los Castro gobiernan el país como a una finca familiar desde hace más de medio siglo y, aunque la mayoría ha optado por una vida apartada de la política, plena de ocio y glamour, como típicos “hijos de papá”, se saben dueños del poder que les otorga la sangre para saltarse normas, fidelidades y hasta al mismísimo Miguel Díaz-Canel, que porta en sus venas la desgracia de no ser un Castro y mucho menos parte de la casta militar que lo mangonea en las sombras.

Alex Castro Soto del Valle, el “Roberto Nabo Duro” de las redes sociales y marido de Kenelma Carvajal, actual viceministra de Cultura, calificó a su sobrino Sandro como la “papa podrida” de la familia, pero, al hacerlo, no solo pretendía hacernos olvidar su propio historial de vago “gozador de la vida” (sacando provecho de su proximidad al padre dictador para realizarse como artista de la imagen, sin apartarse demasiado de la mansión familiar en Punto Cero) sino, además, el detalle más importante, y es que la humildad de la cual han hecho bandera para manipular a las masas empobrecidas no se les da muy bien a ninguno.

El caso de Sandro, incluso el del tío Alex, a pesar de la hipocresía del sistema que revelan, no son únicos ni están ellos en la cima de la pirámide de los “intocables”, un Olimpo comunista donde las familias de Mariela y Alejandro Castro Espín, dos de los cuatro hijos de Raúl Castro con Vilma Espín Guillois, han tomado el lugar que antes de 2008 estuviera reservado fundamentalmente a Antonio Castro Soto del Valle con sus pasiones de play-boy por el golf y los autos de lujo, los negocios turbios con el italiano Sandro Cristoforetti, sus vacaciones en Europa con la familia Hidalgo, dueños de Globalia, y el escándalo de las revelaciones que

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