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      Friday, Dec 14 2018 - 

Platón:¡ La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo !



Artículos periodísticos

Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro. (REUTERS)
Durante la más reciente reunión del Consejo de Ministros se dieron a conocer una serie de deficiencias en la política de cuadros trazada por el Gobierno. Allí afloraron los incumplimientos de los procedimientos establecidos para la selección y movimiento de los cuadros; la insuficiente promoción de mujeres, negros, mestizos y jóvenes a cargos de dirección, así como el débil funcionamiento de algunas de las comisiones creadas para esta esfera de trabajo.

Curiosamente, unos días antes de semejante anuncio, el presidente Miguel Díaz-Canel informaba acerca de la promoción de varios funcionarios a cargos de ministro. Aquí lo interesante sería conocer si el sucesor de Raúl Castro aplicó la política gubernamental orientada para ese fin, o si por el contrario primaron otras consideraciones.

Entre todos los nombramientos, especial interés despertaron los nuevos titulares del Ministerio de Economía y Planificación, y de Cultura. En el primer caso fue nombrado Alejandro Gil Fernández, quien se desempeñaba como viceministro de ese organismo. Gil Fernández es visto como un destacado economista, con un buen trabajo en su anterior responsabilidad en el Ministerio de Finanzas y Precios, y una activa participación en las Mesas Redondas de la televisión cubana. Sin embargo, carece de avales importantes como cuadro político e ideológico.

Después del paso de los dirigentes partidistas Marino Murillo, Adel Yzquierdo y Ricardo Cabrisas por ese ministerio —al que consideran el estado mayor de la economía—, Díaz-Canel decidió acudir a los servicios de un tecnócrata con la esperanza de que pueda obrar el milagro de conducir la planificación y la economía por los cauces de la eficiencia.

En el Ministerio de Cultura parece haber sucedido lo contrario. Abel Prieto, por segunda vez, deja el cargo de ministro. Pero ahora no se acude a funcionarios con más experiencia empresarial que cultural, como los casos de Rafael Bernal y Julián González, sino que se prefiere a un elemento más identificado con la ideología partidista dentro del campo cultural, y es cuando aparece el poeta Alpidio Alonso.

Claro que aquí habría que tener en cuenta también el grado de aceptación que un nuevo ministro tendría en el conflictivo mundo de los artistas y escritores. Tal vez ese sería el factor a considerar a la hora de explicarnos el porqué de la no promoción de Fernando Rojas, decano de los viceministros de Cultura, a la titularidad de ese organismo. Las posiciones extremas de Rojas —identificado por muchos como un talibán de línea dura— siembran el descontento entre buena parte de los creadores.

Tampoco podemos ignorar que Díaz-Canel aboga por ministros que se sepan comunicar con la población. Es decir, que puedan acudir a las cámaras de televisión y explicar los problemas que afectan a sus organismos. En ese contexto, varios ministros no habladores como Salvador Pardo Cruz (Industrias), Mariblanca Ortega (Comercio Interior) y María del Carmen Concepción (industria Alimentaria) habrían caído en desgracia ante los ojos del presidente, y por tanto

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