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      Friday, Sep 17 2021 - 

No importa cuántos cómplices sorprendidos, apparatchiks corruptos, pseudo-progresistas
en América, Roma o Madrid, burócratas con ideología y coleccionistas de eufemismos sigan
intentando disimular lo obvio: que un país con el poder en manos de un mismo partido—
¡y un mismo apellido!—durante 63 años no puede ser sino una dictadura. Y punto.
Héctor Schamis/17 de Julio de 2021/infobae.



Artículos periodísticos

Resuenan las campanas desde temprano, anuncian la fiesta guanajayense de San Hilarión Abad. Es en tiempo de coronavirus. Oportunidad entonces de aguarse los festejos, de mantenernos disgregados, distanciados, medio aturdidos, lentos para darnos cuenta o para reclamar las cosas que nos faltan, las que se adulteran o prostituyen, las que corresponden por derecho, las que nos quitan. Pero es fiesta de San Hilarión en Guanajay.
Parte de la comunidad, los jóvenes, salvaron la honrilla, merecen el elogio de un día diferente en la novena dedicada a dicho santo. Una noche correspondió a las familias, apenas estas se encuentran interrelacionadas en un grupo representativo ni participativo, más bien no existen más de cinco capaces de reunirse con compromiso que no sea festejar. También la catequesis la puso buena de verdad de compañía a san Hilarión con Jesús. En otra ocasión una religiosa de nuestras escolapias; mientras al siguiente un notable hermano profesor, más otro día pasado por aguas y así culminaba esta novena. Pronto todo, en la calle donde debe irradiar esa fe, todo sigue igual. Escasez de alimentos, colas enormes en el Cupet de la ocho vía, de un día para otro se marca, todo a la intemperie, mojar por la lluvia, secar y quemar por el sol, gritar y esperar por cualquiera.
Ahora en la tarde la imagen del santo patrono recibirá todas las peticiones sobre nuestras vicisitudes, todas las responsabilidades nuestras no asumidas, toda la burla hasta puede ser. Pues la imagen como en tiempos inmemoriales, paseará una parte del pueblo, ahora escoltada por la motorizada de la policía, pero en esta ocasión irá sola, sin pueblo a su lado, ni devotos que la eleven. Realmente San Hilarión no lo necesita, mucho menos ningún esfuerzo por que le hayan autorizado esa fuga sin tocata. Vivió durante muchos años aislado en su templo, acompañado solo por un puñado de fieles presionados por la ideología atea marxista. Fieles sobre todo de Jesús que igual a otros muchos hermanos en Cristo dentro de Cuba, hoy continúan marginados de una verdadera libertad religiosa, de la libertad de expresión y el compromiso socio-político según su fe.
La imagen del santo ya ha recorrido el pueblo, mañana todo estará igual cuando hablemos de las fotos, del pollo que no está, de las flores y del agradecimiento a las autoridades, como de la visita del Obispo. Mientras tanto ha pasado casi un mes desde que se promulgó por el Papa Francisco la notable encíclica para orientar la convivencia en la fraternidad humana, pero en nuestra comunidad no se ha mencionado sobre ella ni su título, ni en español “Hermanos todos”, ni en italiano “Fratelli tutti”, ni porque representa la voz y enseñanza de la iglesia a través del Papa continuador de San Pedro, cabeza de esta misma iglesia, vicario de Cristo según la tradición, ni porque a los cubanos no apremia escuchar su contenido y ponerlo en la vida misma, sobre todo hoy.
Vaya que San Hilarión bien puede un día escaparse otra vez de nuestra iglesia e irse a los campos y pueblos a convivir con la gente, en esta ocasión como un anacoreta urbano. Pero antes démosle gracias por todas las alegrías que él, por Cristo Jesús, nos ha dado como pueblo e iglesia. Que su fuerza contagie para levantar cada quien como amigo suyo al otro, a nuestra comunidad-iglesia, a nuestro pueblo, a nuestra patria. “San Hilarión, de Guanajay es su Patrón”.

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