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      Wednesday, Sep 20 2017 - 


Artículos periodísticos

La alianza que forjaron los desaparecidos Hugo Chávez y Fidel Castro tenía entre sus principales fines el fortalecimiento del poder que detentaban, expandirlo y acrecentar sus influencias hasta donde más fuera posible.

Ambos caudillos eran mesiánicos y voluntaristas. Fundamentalistas del poder que contemplaban las ideologías como meros instrumentos de sus ambiciones. Es una alianza que por la idiosincrasia de los autócratas que la integraron evoca la que en su momento establecieron Adolfo Hitler y Benito Mussolini.


Ciertamente fueron hábiles en la selección de la estrategia que les condujo al poder y en la estructuración de un esquema de gobierno cuyo objetivo principal era mantener el control con independencia de cómo fueran afectados los gobernados.


La clave de la asociación radicó en el respaldo mutuo e incondicional, particularmente en aspectos en los cuales una de las partes resultara ser más vulnerable que la otra.


Por ejemplo, Venezuela le entregaba a Cuba parte de sus riquezas nacionales y La Habana le traspasaba a Caracas sus conocimientos y experticias en asuntos como la represión, inteligencia y el control social, la única actividad rentable del régimen insular.

La corporación que forjaron los iluminados fue muy productiva para los fines que se habían trazado. Castro logró que su régimen sobreviviera a la profunda crisis económica que su mal gobierno había provocado, acentuada con la desaparición de la Unión Soviética, y Chávez consiguió superar sin mayores consecuencias, las muchas dificultades que confrontó durante sus mandatos.


Ambos coincidían en lo importante que eran las relaciones internacionales, asunto en el que Chávez demostró ser particularmente sagaz porque uso para esos fines la riqueza petrolera de su país, no así su heredero político Nicolás Maduro, quien ha demostrado una gran incapacidad en los asuntos de gobierno, a lo que hay que añadir que no ha contado con la bonanza petrolera que dilapidó el mayor golpista.


Chávez al igual que su mentor, Castro, se apresuró en identificar un enemigo poderoso, Estados Unidos y siguiendo los pasos del dictador cubano instrumentó una campaña internacional en la que se presentaba como víctima, mientras que gracia a la diplomacia petrolera formó una gigantesca clientela política y montó tres estructura hemisférica con diferentes contenidos, el ALBA, UNASUR y CELAC, pero iguales objetivos, que es la defensa a ultranza del proyecto político que

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