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Artículos periodísticos

María López junto a su esposo, el capitán de aviación, Carlos López Valdés. Cortesía María Lopez.
Tres jóvenes cubanos llegaron en condición de polizontes a Miami, procedentes de La Habana, el 30 de noviembre de 1960 en el vuelo 802 de Cubana de Aviación, lo que los convierte en los primeros en huir clandestinamente de Cuba en ese medio de transporte.

Aunque su fuga fue espectacular y recibió cobertura de la prensa miamense de entonces, poco se sabe de ellos. En algunas listas de la prensa de Miami, ni siquiera aparecen.

A propósito de la llegada de otro cubano, Yunier García Duarte, el pasado jueves al Aeropuerto Internacional de Miami en el compartimento de carga de un avión, Radio Televisión Martí sostuvo una conversación con la señora María López, viuda de Carlos López Valdés, uno de aquellos intrépidos hombres que escaparon de la recién estrenada dictadura cubana.

Junto a Carlos López Valdés, entonces de 29 años de edad, llegaron José Antonio Rodríguez del Río, de 21 años, y Enrique Henríquez, según relató María a esta redacción.

En un recorte del periódico El Mundo (Miami) de aquella época aparece la descripción del suceso, bajo el título: “Huyen de Cuba en el fuselaje de un avión”.

“(…) se introdujeron en el compartimiento de las instalaciones del aparato, por debajo del fuselaje, junto a las alas, en Rancho Boyeros, y estuvieron escondidos en dicho lugar por espacio de 9 horas y media, hasta que llegaron al aeropuerto de Miami, donde salieron y solicitaron asilo en los Estados Unidos”, reseña El Mundo.

María López, que acaba de perder a su esposo hace unos días luego de una larga enfermedad, publicó el recorte en su sitio de Facebook con el siguiente comentario: “Lo que hicieron los ‘pilgrims’ del exilio histórico y heroico…”.

Según María, Carlos venía preparando la fuga luego de pasar seis meses de encierro en la cárcel habanera de La Cabaña, acusado de atentar contra las instalaciones de la Compañía Cubana de Aviación (CCA), para la que trabajaba.

“Hubo quien se hizo el loco, el de la vista gorda y él se escabulló dentro del aeropuerto y lo metió en el avión”, recuerda.

Una anécdota interesante, cuenta la mujer, es que “uno de ellos roncaba y roncaba, y en

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