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      Tuesday, Oct 22 2019 - 

Platón:¡ La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo !
Félix Savón: La técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica

 
Esta devoción se inició el domingo 27 de Mayo de 1928, por el Cura Párroco y Vicario Foráneo de la villa de Guanajay, Pbro. José María García del Valle.

DEDICATORIA
A Vos, oh milagroso San Hilarión!, dedico esta edición de los "Veintiún Domingos" en prueba pequeña sí, pero sincera de agradecimiento a tantas gracias, auxilios e inspiraciones como me habéis prodigado en tanta abundancia, durante los años de mi ministerio parroquial, en esta hermosa Villa de Guanajay, de la que Vos sois celestial Patrono y Protector.
Bendecid a nuestro Prelado, bendecid a todos mis feligreses, los guanajayenses y bendice también a tantos devotos vuestros que de toda la República os vienen a visitar en vuestra Iglesia y a los que no pudiendo desde sus hogares os invocan por su celestial Abogado y Protector.
Vuestro humilde siervo que espera veros en el cielo.

José María García del Valle
Veintiún Domingos en honor del milagroso San Hilarión
 
 Acto de Contricción: Jesus mio y Dios mio! Dueño y Señor de todo lo existente, mi creador, Padre y Redentor, Vida y Esperanza de mi alma.
Postrado ante vuestra soberana Majestad os pido himildemente perdón de todas mis culpas, de las que sinceramente me arrepiento y os prometo, Señor, que antes moriré mil veces que vuela a ofenderos nuevamente.
Es cierto que mis faltas son innumerables y de una malicia infinita, pero infinita es también vuestra misericordia y el valor de vuestra sangre divina es inapreciable. Misericordia, Señor.
Salvador mío! Voz que habéis venido al mundo a buscar pecadores, aquí, tenéis al mayor de todos ellos, al más miserable, al más indigno y al más ingrato. Por vuetra pasión dolorosísima, por vuestra sangre preciosa, por vuestras humillaciones sin igual y por vuestra ignominiosa muerte de cruz! Padre mío! tened compasión, de mi alma pecadora. Perdón, Jesús mío, perdón.
Oh mi buen Jesús! perdonadme, escuchadme, Señor. Os lo suplico por la intercesión valiosísima de vuestro gran siervo San Hilarión, por sus innumerables penas, por sus privaciones, por sus rigurosos ayunos, por sus ásperos cilicios, por sus sangrientas disciplinas, por su triste abandono y soledad y por la encendida llama de caridad que abrasaba, su puro y santo corazón. Así sea.
 
 Oración: Oh milagroso San Hilarion!, que por el gran poder que teníais, durante vuestra vida mortal en resolver recta y extraordinariamente los más irrealizables hechos, Jesucristo os constituyó "Abogado en las cosas difíciles" y por las palabras de consuelo y el sinnúmero de milagros que hicisteis en favor de los tristes, de los perseguidos y de los que sufren, Jesucristo  os constituyó también en "Protector de los afligidos y atribulados", venid en mi ayuda, secad las ardientes lágrimas de mis ojos fatigados de tanto llorar, a causa de tantas penas y tribulaciones como agobian mi alma. Santo mío! No me olvides, dadme valor y fuerzas para no desfallecer en la lucha triste y miserable de la vida, si no la consuela Cristo Jesús. Miradme, oh feliz anacoreta del desierto!, con ojos compasivos y alcanzadme la gracia que os pido en estos "Veintiún Domingos" si ella no se opone a la salvación de mi alma. Así sea.
Consideración: (Se lee y se medita)
 
 Invocación:
  • Oh glorioso San Hilarión! Por las predilecciones que os dispensó el Padre eterno en vuestra infancia, al arrancaros de las garras del paganismo y convertiros en un niño abrazado en el amor divino.
    Derramad sobre nuestras almas el perfune benditísimo de las rosas fragantes de vuestra caridad y alanzadnos la gracia que os pedimos.
    (Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre)
  • Oh glorioso San Hilarión! Por las predilecciones que os dispensó Nuestro Señor Jesucristo, al escogeros, entre millares, para que fueseis Padre Abad y Director de millares de anacoretas e innumerables devotos de vuestras glorias.
    Derramad sobre nuestras almas el perfune benditísimo de las rosas fragantes de vuestra caridad y alanzadnos la gracia que os pedimos.
    (Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre)
  • Oh glorioso San Hilarión! Por las predilecciones que os dispensó el Espíritu Santo al inflamar vuestro corazón en un ardiente volcán de amor, cuyos abrazadores efluvios continuamente se esparcen sobre todos los que se cobijan bajo vuestra paternal protección.
    Derramad sobre nuestras almas el perfune benditísimo de las rosas fragantes de vuestra caridad y alanzadnos la gracia que os pedimos.
    (Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre)

  • Ahora se levanta el corazón a Dios y se le pide con toda confianza la gracia que se desee alcanzar por medio del milagroso San Hilarión, en la seguridad de que habiendo verdadera fe, confianza y perseverancia, se ha de obtener cuanto se pida.
      Oracion relativa a Sn. Hilarión (100 días de Indulgencia, cada vez que se recite)
    Oh gloriosísimo San Hilarión! Abad y Confesor, Patrono de Guanajay y de cuantos en Tí confían, a Vos que fuistes un prodigio de paciencia y humildad, Jesucristo os constituyó Abogado en las cosas difíciles y Protector de los afligidos y atribulados. Confiado en estos dones, a Vos acudo humildemente, a pesar de ser un gran pecador y me atrevo a escogeros por mi celestial Patrón, Abogado y Protector no sólo durante la vida, sino también en el terrible trance de la muerte, la que a Vos tanto temor os infundió que os hizo exclamar: "Sal, alma mía, sal, por qué temes y te acobardas, casi setenta años ha que sirves a Dios, a Jesucristo y todavía temes morir?"
    Recibidme, pues, oh San Hilarión milagroso! por vuestro perpetuo siervo, asistidme con vuestro valimientoen todos los instantes de mi vida, socorredme en esta necsidad (se expone) y sed mi protector, especialmente a la hora de la muerte, para cuyo momento os invoco y así pueda mejor conseguir mi eterna salvación.
    Ruega por nosotros, oh bendito San Hilarión!, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
    (Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre)
     

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